Ubicada en la margen derecha del Río Negro, en las proximidades de Manaos, la Comunidad Indígena Cipiá está formada por familias procedentes del Alto Río Negro que migraron en busca de mejores condiciones de vida, sin renunciar a sus raíces. Reúne representantes de siete etnias del grupo lingüístico tucano: Tessana, Tucana, Tuyuca, Tatuia, Cubeua, Macuna y Bará. El nombre “Cipiá” significa “pueblo alegre” en lengua tucano, reflejando el espíritu acogedor de la aldea. Con un fuerte liderazgo del pueblo Desana, la comunidad se ha consolidado como referente en turismo de base comunitaria, transformando el etnoturismo en una herramienta de valorización cultural y autonomía. Al mantener viva su identidad ancestral, Cipiá demuestra resistencia y organización colectiva, conciliando tradición y diálogo con el mundo contemporáneo, especialmente mediante la acogida consciente de visitantes interesados en la cultura amazónica.
La riqueza cultural de Cipiá reside en la diversidad de sus pueblos y en la convivencia armoniosa entre distintas tradiciones del tronco tucano. Aunque cada etnia conserva su propia lengua, el tucano funciona como idioma común, mientras que el portugués se utiliza en la interacción con los visitantes. La cultura se vive en lo cotidiano: en la casa de la harina, donde la yuca se transforma en tortas y harina; en las narraciones orales que explican el origen de los pueblos y de la selva; y en las expresiones artísticas transmitidas entre generaciones. La comunidad también se abre a intercambios culturales, acogiendo iniciativas como “Orquesta en la Selva”, que integró música clásica con instrumentos tradicionales, además de proyectos vinculados al hip hop. Esta apertura refuerza el protagonismo indígena, mostrando que tradición e innovación pueden caminar juntas y ofreciendo al visitante europeo una experiencia auténtica, regenerativa y respetuosa.
Entre las tradiciones preservadas en Cipiá destaca el Dabucuri, ritual ancestral de bienvenida que simboliza compartir, celebración y hospitalidad. Durante la recepción, los visitantes son invitados a comprender el significado espiritual de la ceremonia, que incluye cantos, danzas y pintura corporal con urucum. Las presentaciones culturales revelan la profunda conexión entre el pueblo y la naturaleza, expresada en mitos, grafismos y ritmos tradicionales. La artesanía, elaborada con semillas, fibras y madera, porta símbolos cosmológicos y representa una importante fuente de ingresos sostenibles. La alimentación tradicional, basada en la yuca, refuerza el vínculo con el territorio y el conocimiento ancestral sobre la selva. Al participar en estas vivencias, el viajero no es solo espectador, sino invitado a reflexionar sobre modos de vida más integrados con la naturaleza, en un intercambio cultural basado en el respeto mutuo.
La comunidad cuenta con una estructura colectiva, con fuerte liderazgo del pueblo Desana y decisiones tomadas de forma participativa. El turismo se organiza como actividad comunitaria, garantizando que los beneficios se distribuyan entre las familias. La gestión valora la autonomía, la preservación cultural y la sostenibilidad ambiental.
La principal actividad económica es el turismo de base comunitaria. La venta de artesanía, las presentaciones culturales y la gastronomía tradicional complementan los ingresos. La producción de harina de yuca también es fundamental para la subsistencia y la comercialización local.
La espiritualidad está vinculada a la cosmología indígena del Alto Río Negro. Rituales, cantos y mitos explican el origen del mundo y refuerzan la conexión con la selva y los ancestros. El Dabucuri expresa simbólicamente esta dimensión espiritual.
El conocimiento tradicional sobre plantas medicinales es preservado por las familias. Raíces, cortezas y hojas se utilizan en preparados naturales, basados en la sabiduría ancestral transmitida oralmente entre generaciones.
Cipiá representa resistencia cultural y afirmación identitaria. Al valorar el turismo comunitario, fortalece su autonomía económica y reafirma el derecho a preservar tradiciones, lengua y territorio cultural.
Desde Manaos, el acceso se realiza por vía fluvial a través del Río Negro, en lancha regional, con una duración aproximada de 40 a 60 minutos. Para visitantes procedentes de Europa, el trayecto incluye vuelo internacional hasta Manaos y traslado organizado por operadores locales especializados en etnoturismo.
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